8 abr. 2007

Extractos del diario de P.S. - El cine

Nana es más que un personaje. Es una niña y es mi madre y una anciana que busca consuelo. Tiene la luz de la primera, la familiaridad de la segunda y la fortaleza de la tercera. (…) Ella elige y actúa. Yo me miro al espejo en el baño del Lorraine y me asalta una pregunta que no logro formular pero la pregunta está ahí, tengo la sensación de ser interrogado pero sólo veo mi rostro en el espejo. No es angustia, tampoco furia, mucho menos alegría. Es el reposo inquieto de ser y tener rostro. Una especie de felicidad en ciernes. El rostro es la pregunta. Es eso. Cada rostro interpela a cada portador una pregunta que es el mismo rostro. Y los rostros de los otros también nos interpelan, pero esas preguntas parecen no tener respuesta. En cambio, el propio rostro promete y espera ser respondido. Nana elige prostituirse, entregarse a los otros como quien se entrega a dios, es un acto religioso, de redención. Dios está en esos ojos de mujer. Como está en esos fragmentos de La Pasión de Juana de Arco. También esta en los míos o en el reflejo que de ellos da el espejo. A veces, también está o puedo verlo en los ojos de los demás. No sé que estoy diciendo. Esa escena de Nana y el filósofo también merece algunas páginas. Pero mañana. Es hora de cerrar el cuaderno, cerrar los ojos, abandonar a dios, dormir.

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